Wynton Marsalis: Vitoria Suite

Vitoria Suite

EU, 2010

Calificación: 4.5 orejas

Cuando el director del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz le pidió a Wynton Marsalis que realizara un tema para celebrar el aniversario de esta fiesta del jazz que se celebra anualmente en esta ciudad vasca, estoy muy seguro que no se imaginó lo que pasaría.

Y es que el multipremiado compositor norteamericano creó un concierto de 12 movimientos, los cuales coinciden con los movimientos clásicos del blues, para celebrar a la ciudad, al país y a la música misma.

Este proyecto musical comenzó en 1997, cuando Iñaki Añua, director del festival, le pidió a Marsalis un ‘pequeño blues’ para Vitoria, a lo que el músico contestó que sólo sabía componer suites. Seis años después, cuando la cita del jazz gasteitarra cumplió 25 años, Marsalis mostró los primeros cuatro movimientos de lo que se convertiría en la suite dedicada a la ciudad.

Un lustro después, Marsalis terminó su suite, que tiene todas las características de una declaración de amor para la ciudad que, en palabras suyas, ha sido capaz de comprender su música. Sin embargo, todavía pasarían dos años para que la Vitoria Suite llegara al CD.

La suite es un monumento por sí misma. Además de las obvias evocaciones al big band, magistralmente interpretado por la Jazz at Lincoln Center Orchestra, se integran acentos de flamenco -que en la grabación son interpretados por Paco de Lucía- y acordes populares vascos: las percusiones y la txalaparta trasladan al oyente a algunos de los más icónicos paisajes del País Vasco. Además cuenta con participaciones especiales del gran jazzista Chano Domínguez y el bailaor Tomás ‘Tomasito’ Moreno.

En un disco tan redondo es difícil marcar cuáles son los temas indispensables. Sin embargo, por su profundidad y significado, temas como ‘Iñaki’s decision’, ‘Euskal abestia’ y ‘Mendizorrotza swing’ son verdaderas joyas.

Mención aparte merece ‘Askatasunaren zuhaitza’ (que se traduciría como ‘El árbol de la Libertad’), composición dedicada al legendario árbol de Gernika, el cual simboliza las libertades del pueblo vasco. La canción, profunda y alegre, llena de notas vertiginosas de piano y percusiones poderosas, adquiere un tono nostálgico y sobrio que se rompe al sonido de la trompeta de Marsalis.

Sin duda un disco indispensable para aquellos que gusten de un buen jazz con sabor diferente.