Amancio Prada: Emboscados

EmboscadosEmboscados

España, 1994

Vaso Roto Ediciones

Calificación: 4.5 Orejas

Hace ya 17 años, el célebre cantautor Amancio Prada presentó, en el Teatro Principal de Zamora, España, la primera obra poética propia a la cual le agregó música.

Se trata del oratorio Emboscados, que recuperamos hoy en Laberinto Sonoro, y el cual consta de 8 retablos en los que un grupo de guerreros y las mujeres que dejan en su lugar de origen entablan un diálogos triste, entre el abandono y la esperanza de volver.

La música, a cargo del experimentado arreglista Ricard Miralles – célebre por su trabajo con Joan Manuel Serrat-, ensalza la armónica belleza del extenso poema escrito por Prada, quien anteriormente había musicalizado poemas de Luis Cernuda, Octavio Paz, Rosalía de Castro y Federico García Lorca.

El tiempo es uno de los personajes principales de este poema sinfónico, que se disfruta por la desgarradora interpretación de Clara Montes y el propio Amancio Prada, y por la lectura misma del poema.

La narración comienza con el paso de un grupo de soldados que buscan una fuente para sanar sus heridas, mientras escoltan un tesoro. Poco caso hacen a las doncellas de la región: su misión y regresar a su patria es primero.

Estas mismas doncellas se transfiguran en las mujeres que dejaron en sus lugares de origen, que aún les esperan porque prometieron volver pronto -mañana, según la canción. Pero ese mañana se tarda tanto que se vuelve profundamente incierto, imposible de aguantar en la incertidumbre de la vida o la muerte del ser querido.

En las piezas del oratorio se suceden las saudades del amigo, del hijo, del amante perdido. De la gente que habita países nocturnos, esto es, sueños, que regresan recurrentes a quien hace volver de su camino a través del deseo propio.

Los universos femenino y masculino son pintados con maestría, a través de la búsqueda infinita del hombre y la certeza y esperanza de la mujer.

A mi juicio, el quinto canto es uno de los más bellos que ha creado este gran artista leonés. En él, habla de una mujer que, como único recuerdo del hombre que espera, tiene una caracola que cuelga de su pecho y, a través de la cual, puede sentir el pensamiento de su amado. Ese retorno deseado llega con la noche, en forma de estrellas, que vuelven a irse al amanecer.

No es una historia con final feliz, pero es una gran reflexión acerca de la soledad, la esperanza y la vida, que es un camino solamente de ida.